Los programas generales de desarrollo socio económico, formulado y promovido por el gobierno de la república, contemplando entre sus objetivos prioritarios el aumento de la oferta de bienes y servicios social y nacionalmente necesarios, así como el incremento de la productividad.

Hace varios lustros México inicio un solo proceso de desarrollo económico, basado en el aprovechamiento de sus propios recursos y con apoyo exterior en materias financieras, derivado de su firme posición internacional.

Las actuales circunstancias nacionales en materia de energéticos, han abierto importantes expectativas que hacen proveer una acelerada expansión de la inversión, con importantes consecuencias en el ámbito laboral.

Dentro de este contexto y dada la imitación de los recursos disponibles, fue indispensable que el gobierno federal definiera una estrategia acorde con las urgencias observadas. De esta manera, los campos de máxima atención quedaron inscritos en la producción de alimentos y energéticos, siguiendo en importancia la industria minera, la siderúrgica, la metalmecánica y la de bienes de capital.

Esto no significa que tales propiedades excluyan a otros sectores de la producción de bienes o prestación de servicios, que es tan considerados bajo otra escala, según las disponibilidades existentes, que dependen a su vez y, en gran medida, del apoyo que pueda dar el sector económicamente activo.

Dentro de las propiedades y estrategias establecidas, es del mayor interés que en los procesos de producción impere una óptima productividad, ya que de otra manera la ineficiencia y el desperdicio, serán sus consecuencias. En tal sentido, la preparación calificada del personal, es un elemento decisivo para lograr la productividad deseada. Este propósito sirve paralelamente al control del proceso inflacionario, asi como el incremento de los ingresos reales de los trabajadores. Es conveniente  tener presente que la productividad repercute en términos directos en beneficio del proceso económico.

Dentro del contexto nacional, la creación de nuevas plazas de trabajo es consecuencia directa y necesaria de un proceso de desarrollo. Esto representa no solo una meta humana y social mente deseable, si no irrenunciable dentro de los objetivos que imponen la presente civilización.